viernes, 31 de julio de 2009
Que vas..
Me hablaste de ternura y de pasión
dijiste que nunca te aburrías
nosotros fuimos uno para el otro
y ahora te molesta que te diga,
que yo me encuentro solo en este amor
y ya llegó el momento de dejar de fingir indecisión
y mostrar sentimientos
Que vas a hacer conmigo?
si ya no me querés decímelo
largame en el olvido
Qué vas a hacer conmigo?
si vos querés que me abra yo me voy
te largo en el olvido.
No te hagas la reina del gallinero
que a vos no te da el cuero para tanto,
si fue una relación interesante
ahora no me excita como antes
y yo me siento solo en este amor
que se lo lleve el viento
y que vuelva a brillar bajo el sol
no puedo perder tiempo
Qué vas a hacer conmigo?
Yo tengo otros asuntos que atender
y ya no estoy herido
Qué vas a hacer conmigo?
Decime que me vaya y yo me voy
te largo en el olvido
dijiste que nunca te aburrías
nosotros fuimos uno para el otro
y ahora te molesta que te diga,
que yo me encuentro solo en este amor
y ya llegó el momento de dejar de fingir indecisión
y mostrar sentimientos
Que vas a hacer conmigo?
si ya no me querés decímelo
largame en el olvido
Qué vas a hacer conmigo?
si vos querés que me abra yo me voy
te largo en el olvido.
No te hagas la reina del gallinero
que a vos no te da el cuero para tanto,
si fue una relación interesante
ahora no me excita como antes
y yo me siento solo en este amor
que se lo lleve el viento
y que vuelva a brillar bajo el sol
no puedo perder tiempo
Qué vas a hacer conmigo?
Yo tengo otros asuntos que atender
y ya no estoy herido
Qué vas a hacer conmigo?
Decime que me vaya y yo me voy
te largo en el olvido
ASI NO SE PUEDE…….!!!
La gripe porcina
La crisis mundial
El dengue
Las candidaturas testimoniales
Los piojos entran en un "impass"
CFK
Lugo y su guarderia
El fernet a $45.00
jueves, 23 de julio de 2009
Romeo y Julieta II
Acto V. Escena III.
Cementario, en el mausoleo de los Capuletos. (Romeo mata a Paris en un duelo al encontrarse ambos en el mausoleo de los Capuleto)
(Romeo mata a Paris en un duelo al encontrarse ambos en el mausoleo de los Capuleto)
Paris: - ¡Ay de mí, muerto soy! Si tienes lástima de mí, ponme en el sepulcro de Julieta.
Romeo: - ¡Lo haré, por mi fe!… Veamos de cerca esa cara… ¡El pariente de Mercutio! ¡El noble conde Paris!… ¿Qué me decía mi criado durante el viaje, cuando mi alma, en medio de sus tempestades, no le atendía? Creo que me contaba que Paris se iba a casar con Julieta… ¿No era eso lo que dijo, o lo he soñado? ¿O es que estoy tan loco que, oyéndote hablar de Julieta, imaginé tal cosa?… ¡Oh! ¡Dame la mano, tú que, como yo, has sido inscrito en el libro funesto de la gracia! ¡Yo te enterré en una tumba triunfal! ¿Una tumba? ¡Oh, no! ¡Una linterna, joven víctima! Porque aquí descansa Julieta, y su hermosura transforma esta cripta en un regio salón de fiesta, radiante de luz. (Colocando a Paris en el mausoleo). ¡Muerte, un muerto te entierra!… ¡Cuántas veces, cuando los hombres están a punto de expirar, experimentan un instante de alegría, a la que llaman sus enfermeros el relámpago precursor de la muerte! ¡Oh! ¿Cómo puedo llamar a esto un relámpago? ¡Oh! ¡Amor mío! ¡Esposa mía! ¡La muerte, que ha saboreado el néctar de tu aliento, ningún poder ha tenido aún sobre tu belleza! ¡Tú no has sido vencida! ¡La enseña de la hermosura ostenta todavía su carmín en tus labios y mejillas, y el pálido estandarte de la muerte no ha sido enarbolado aquí… Teobaldo, ¿eres tú quien yace en esa sangrienta mortaja? ¡Oh! ¿Qué mayor favor puedo hacer por ti que, con la mano que segó en flor tu juventud, trochar la del que fue tu adversario? ¡Perdóname, primo mío! ¡Ah! ¡Julieta querida! ¿Por qué eres aún tan bella? ¿Habré de creer que el fantasma incorpóreo de la muerte se ha prendado de ti y que el fantasma incorpóreo de la muerte se ha prendando de ti y que ese aborrecido monstruo descarnado te aguarda en esas tinieblas, reservándote para manceba suya? ¡Así lo temo, y por ello permaneceré siempre a tu lado, sin salir jamás de este palacio de noche sombría! ¡Aquí! Aquí quiero quedarme con los gusanos, doncellas de tu servidumbre ¡Oh! ¡Aquí fijaré mi eterna morada, para librar a esta carne, hastiada del mundo, del yugo de mal influjo de las estrellas!… ¡Ojos míos, lanzad vuestra última mirada! ¡Brazo, dad vuestro último abrazo! Y vosotros, ¡Oh, labios! Puertas del aliento, sellad con un legítimo beso el pacto sin fin con la acaparadora muerte. (Cogiendo el frasco de veneno). ¡Ven, amargo conductor! ¡Ven, guía fatal! ¡Tú, desesperado piloto, lanza ahora de golpe, para que vaya a estrellarse contra las duras rocas, tu maltrecho bajel, harto de navegar! (bebiendo). ¡Brindo por mi amada! ¡Oh sincero boticario! ¡Tus drogas son activas! … Así muero… ¡con un beso!… (Muere. Llega Fray Lorenzo.)
Fray Lorenzo: - Pero ¡Dios mío! ¿Qué sangre es esta en las gradas del monumento? ¿Qué espadas éstas sin dueño, y tintas todavía de sangre? (Entra en el sepulcro) ¡Romeo! ¡Pálido está como la muerte! ¡Paris cubierto de sangre!… La doncella se mueve. (Despierta Julieta)
Julieta :- Padre, ¿dónde está mi esposo? Ya recuerdo dónde debía yo estar y allí estoy. Pero ¿dónde está Romeo, padre mío?
Fray Lorenzo:- Oigo ruido. Deja tú pronto este foco de infección, ese lecho de fingida muerte. La suprema voluntad de Dios ha venido a desbaratar mis planes. Sígueme. Tu esposo yace muerto a tu lado, y Paris muerto también. Sígueme a un devoto convento y nada más me digas, porque la gente se acerca. Sígueme, Julieta, que no podemos detenernos aquí.
Julieta :- ¡Vete, márchate de aquí, pues yo no me moveré! (Sale Fray Lorenzo) ¡Esposo mío! Más ¿qué veo? Una copa tiene en las manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! No me dejó ni una gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algún resabio del veneno. Él me matará y me salvará. (Besándole) ¡Tus labios están calientes todavía!
Guardia 1° :- ¡Guíanos, muchacho! ¿Por dónde?
Julieta :- ¿Qué? ¿Rumor? ¡Seamos breves entonces! (Cogiendo la daga de Romeo) ¡Oh daga bienechora! ¡Enmohécete aquí y dame la muerte! (Cae sobre el cadáver de Romero y muere)
Cementario, en el mausoleo de los Capuletos. (Romeo mata a Paris en un duelo al encontrarse ambos en el mausoleo de los Capuleto)
(Romeo mata a Paris en un duelo al encontrarse ambos en el mausoleo de los Capuleto)
Paris: - ¡Ay de mí, muerto soy! Si tienes lástima de mí, ponme en el sepulcro de Julieta.
Romeo: - ¡Lo haré, por mi fe!… Veamos de cerca esa cara… ¡El pariente de Mercutio! ¡El noble conde Paris!… ¿Qué me decía mi criado durante el viaje, cuando mi alma, en medio de sus tempestades, no le atendía? Creo que me contaba que Paris se iba a casar con Julieta… ¿No era eso lo que dijo, o lo he soñado? ¿O es que estoy tan loco que, oyéndote hablar de Julieta, imaginé tal cosa?… ¡Oh! ¡Dame la mano, tú que, como yo, has sido inscrito en el libro funesto de la gracia! ¡Yo te enterré en una tumba triunfal! ¿Una tumba? ¡Oh, no! ¡Una linterna, joven víctima! Porque aquí descansa Julieta, y su hermosura transforma esta cripta en un regio salón de fiesta, radiante de luz. (Colocando a Paris en el mausoleo). ¡Muerte, un muerto te entierra!… ¡Cuántas veces, cuando los hombres están a punto de expirar, experimentan un instante de alegría, a la que llaman sus enfermeros el relámpago precursor de la muerte! ¡Oh! ¿Cómo puedo llamar a esto un relámpago? ¡Oh! ¡Amor mío! ¡Esposa mía! ¡La muerte, que ha saboreado el néctar de tu aliento, ningún poder ha tenido aún sobre tu belleza! ¡Tú no has sido vencida! ¡La enseña de la hermosura ostenta todavía su carmín en tus labios y mejillas, y el pálido estandarte de la muerte no ha sido enarbolado aquí… Teobaldo, ¿eres tú quien yace en esa sangrienta mortaja? ¡Oh! ¿Qué mayor favor puedo hacer por ti que, con la mano que segó en flor tu juventud, trochar la del que fue tu adversario? ¡Perdóname, primo mío! ¡Ah! ¡Julieta querida! ¿Por qué eres aún tan bella? ¿Habré de creer que el fantasma incorpóreo de la muerte se ha prendado de ti y que el fantasma incorpóreo de la muerte se ha prendando de ti y que ese aborrecido monstruo descarnado te aguarda en esas tinieblas, reservándote para manceba suya? ¡Así lo temo, y por ello permaneceré siempre a tu lado, sin salir jamás de este palacio de noche sombría! ¡Aquí! Aquí quiero quedarme con los gusanos, doncellas de tu servidumbre ¡Oh! ¡Aquí fijaré mi eterna morada, para librar a esta carne, hastiada del mundo, del yugo de mal influjo de las estrellas!… ¡Ojos míos, lanzad vuestra última mirada! ¡Brazo, dad vuestro último abrazo! Y vosotros, ¡Oh, labios! Puertas del aliento, sellad con un legítimo beso el pacto sin fin con la acaparadora muerte. (Cogiendo el frasco de veneno). ¡Ven, amargo conductor! ¡Ven, guía fatal! ¡Tú, desesperado piloto, lanza ahora de golpe, para que vaya a estrellarse contra las duras rocas, tu maltrecho bajel, harto de navegar! (bebiendo). ¡Brindo por mi amada! ¡Oh sincero boticario! ¡Tus drogas son activas! … Así muero… ¡con un beso!… (Muere. Llega Fray Lorenzo.)
Fray Lorenzo: - Pero ¡Dios mío! ¿Qué sangre es esta en las gradas del monumento? ¿Qué espadas éstas sin dueño, y tintas todavía de sangre? (Entra en el sepulcro) ¡Romeo! ¡Pálido está como la muerte! ¡Paris cubierto de sangre!… La doncella se mueve. (Despierta Julieta)
Julieta :- Padre, ¿dónde está mi esposo? Ya recuerdo dónde debía yo estar y allí estoy. Pero ¿dónde está Romeo, padre mío?
Fray Lorenzo:- Oigo ruido. Deja tú pronto este foco de infección, ese lecho de fingida muerte. La suprema voluntad de Dios ha venido a desbaratar mis planes. Sígueme. Tu esposo yace muerto a tu lado, y Paris muerto también. Sígueme a un devoto convento y nada más me digas, porque la gente se acerca. Sígueme, Julieta, que no podemos detenernos aquí.
Julieta :- ¡Vete, márchate de aquí, pues yo no me moveré! (Sale Fray Lorenzo) ¡Esposo mío! Más ¿qué veo? Una copa tiene en las manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! No me dejó ni una gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algún resabio del veneno. Él me matará y me salvará. (Besándole) ¡Tus labios están calientes todavía!
Guardia 1° :- ¡Guíanos, muchacho! ¿Por dónde?
Julieta :- ¿Qué? ¿Rumor? ¡Seamos breves entonces! (Cogiendo la daga de Romeo) ¡Oh daga bienechora! ¡Enmohécete aquí y dame la muerte! (Cae sobre el cadáver de Romero y muere)
Romeo y Julieta
Romeo y Julieta
Acto II. Escena II.
Bajo el balcón de Julieta. (Romeo entra sin ser visto en el palacio de los Capuleto. Julieta aparece en una ventana)
Romeo:- ¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! ¡No la sirvas, que es envidiosa! Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que lo usan, ¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!… Habla… más nada se escucha; pero, ¿qué importa? ¡Hablan sus ojos; les responderé!…Soy demasiado atrevido. No es a mi a quien habla. Do de las más resplandecientes estrellas de todo el cielo, teniendo algún quehacer ruegan a sus ojos que brillen en sus esferas hasta su retorno. ¿Y si los ojos de ella estuvieran en el firmamento y las estrellas en su rostro? ¡El fulgor de sus mejillas avergonzaría a esos astros, como la luz del día a la de una lámpara! ¡Sus ojos lanzarían desde la bóveda celestial unos rayos tan claros a través de la región etérea, que cantarían las aves creyendo llegada la aurora!… ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Quién fuera guante de esa mano para poder tocar esa mejilla!
Julieta:- ¡Ay de mí!
Romeo:- Habla. ¡Oh! ¡Habla otra vez ángel resplandeciente!… Porque esta noche apareces tan esplendorosa sobre mi cabeza como un alado mensajero celeste ante los ojos extáticos y maravillados de los mortales, que se inclinan hacia atrás para verle, cuando él cabalga sobre las tardas perezosas nubes y navega en el seno del aire.
Julieta:- ¡Oh Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehusa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de s
er una Capuleto.
Romeo:- (Aparte) ¿Continuaré oyéndola, o le hablo ahora?
Julieta:- ¡Sólo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera!
Romeo:- Te tomo la palabra. Llámame sólo "amor mío" y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo!
Julieta:- ¿Quién eres tú, que así, envuelto en la noche, sorprendes de tal modo mis secretos?
Romeo:- ¡No sé cómo expresarte con un nombre quien soy! Mi nombre, santa adorada, me es odioso, por ser para ti un enemigo. De tenerla escrita, rasgaría esa palabra.
Julieta:- Todavía no he escuchado cien palabras de esa lengua, y conozco ya el acento. ¿No eres tú Romeo y Motesco?
Romeo:- Ni uno ni otro, hermosa doncella, si los dos te desagradan.
Julieta:- Y dime, ¿cómo has llegado hasta aquí y para qué? Las tapias del jardín son altas y difíciles de escalar, y el sitio, de muerte, considerando quién eres, si alguno de mis parientes te descubriera.
Romero:- Con ligeras alas de amor franquee estos muros, pues no hay cerca de piedra capaz de atajar el amor; y lo que el amor puede hacer, aquello el amor se atreve a intentar. Por tanto, tus parientes no me importan.
Julieta:- ¡Te asesinarán si te encuentran!
Romero:- ¡Ay! ¡Más peligro hallo en tus ojos que en veinte espadas de ellos! Mírame tan sólo con agrado, y quedo a prueba de su enemistad.
Julieta:- ¡Por cuanto vale el mundo, no quisiera que te viesen aquí!
Romeo:- El manto de la noche me oculta a sus miradas; pero, si no me quieres, déjalos que me hallen aquí. ¡Es mejor que termine mi vida víctima de su odio, que se retrase mi muerte falto de tu amor.
Julieta:- ¿Quién fue tu guía para descubrir este sitio?
Romeo:- Amor, que fue el primero que me incitó a indagar; él me prestó consejo y yo le presté mis ojos. No soy piloto; sin embargo, aunque te hallaras tan lejos como la más extensa ribera que baña el más lejano mar, me aventuraría por mercancía semejante.
Julieta:- Tú sabes que el velo de la noche cubre mi rostro; si así lo fuera, un rubor virginal verías teñir mis mejillas por lo que me oíste pronunciar esta noche. Gustosa quisiera guardar las formas, gustosa negar cuanto he hablado; pero, ¡adiós cumplimientos! ¿Me amas? Sé que dirás: sí, yo te creeré bajo tu palabra. Con todo, si lo jurases, podría resultar falso, y de los perjurios de los amantes dicen que se ríe Júpiter. ¡Oh gentil Romeo! Si de veras me quieres, decláralo con sinceridad; o, si piensas que soy demasiado ligera, me pondré desdeñosa y esquiva, y tanto mayor será tu empeño en galantearme. En verdad, arrogante Montesco, soy demasiado apasionada, y por ello tal vez tildes de liviana mi conducta; pero, créeme, hidalgo, daré pruebas de ser más sincera que las que tienen más destreza en disimular. Yo hubiera sido más reservada, lo confieso, de no haber tú sorprendido, sin que yo me apercibiese, mi verdadera pasión amorosa. ¡Perdóname, por tanto, y no atribuyas a liviano amor esta flaqueza mía, que de tal modo ha descubierto la oscura noche!
Romeo:- Júrote, amada mía, por los rayos de la luna que platean la copa de los árboles…
Julieta:- No jures por la luna, que es su rápida movimiento cambia de aspecto cada mes. No vayas a imitar su inconstancia.
Romeo:- ¿Pues por quién juraré?
Julieta:- No hagas ningún juramento. Si acaso, jura por ti mismo, por tu persona que es el dios que adoro y en quien he de creer.
Romeo:- ¿Pues por quién juraré?
Julieta:- No jures. Aunque me llene de alegría el verte, no quiero esta noche oír tales promesas que parecen violentas y demasiado rápidas. Son como el rayo que se extingue, apenas aparece. Aléjate ahora: quizá cuando vuelvas haya llegado abrirse, animado por las brisas del estío, el capullo de esta flor. Adiós, ¡ojalá caliente tu pecho en tan dulce clama como el mío!
Romeo:- ¿Y no me das más consuelo que ése?
Julieta:- ¿Y qué otro puedo darte esta noche?
Romeo:- Tu fe por la mía.
Julieta:- Antes de la di que tú acertaras a pedírmela. Lo que siento es no poder dártela otra vez.
Romeo:- ¿Pues qué? ¿Otra vez quisieras quitármela?
Julieta:- Sí, para dártela otra vez, aunque esto fuera codicia de un bien que tengo ya. Pero mi afán de dártelo todo es tan profundo y tan sin límite como los abismos de la mar. ¡Cuando más te doy, más quisiera date!… Pero oigo ruido dentro. ¡Adiós no engañes mi esperanza… Ama, allá voy… Guárdame fidelidad, Montesco mío. Espera un instante, que vuelvo en seguida.
Romeo:- ¡Noche, deliciosa noche! Sólo temo que, por ser de noche, no pase todo esto de un delicioso sueño
Julieta:- (Asomada otra vez a la ventana) Sólo te diré dos palabras. Si el fin de tu amor es honrado, si quieres casarte, avisa mañana al mensajero que te enviaré, de cómo y cuando quieres celebrar la sagrada ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida e iré en pos de ti por el mundo.
Ama:- (Llamando dentro) ¡Julieta!
Julieta:- Ya voy. Pero si son torcidas tus intenciones, suplícote que…
Ama:- ¡Julieta!
Julieta:- Ya corro… Suplícote que desistas de tu empeño, y me dejes a solas con mi dolor. Mañana irá el mensajero…
Romeo:- Por la gloria…
Julieta:- Buenas noches.
Romeo:- No. ¿Cómo han de ser buenas sin tus rayos? El amor va en busca del amor como el estudiante huyendo de sus libros, y el amor se aleja del amor como el niño que deja sus juegos para tornar al estudio.
Julieta:- (Otra vez a la ventana) ¡Romeo! ¡Romeo! ¡Oh, si yo tuviese la voz del cazador de cetrería, para llamar de lejos a los halcones¡ Si yo pudiera hablar a gritos, penetraría mi voz hasta en la gruta de la ninfa Eco, y llegaría a ensordecerla repitiendo el nombre de mi Romeo.
Romeo:- ¡Cuán grado suena el acento de mi amada en la apacible noche, protectora de los amantes! Más dulce es que la música en oído atento.
Julieta:- ¡Romeo!
Romeo:- ¡Alma mía!
Julieta:- ¿A qué hora irá mi criado mañana?
Romeo:- A las nueve.
Julieta:- No faltará. Las horas se me harán siglos hasta que llegue. No sé para qué te he llamado.
Romeo:- ¡Déjame quedar aquí hasta que lo pienses!
Julieta:- Con el contento de verte cerca me olvidaré eternamente de lo que pensaba, recordando tu dulce compañía.
Romeo:- Para que siga tu olvido no he de irme.
Julieta:- Ya es de día. Vete… Pero no quisiera que te alejaras más que el breve trecho que consiente alejarse al pajarillo la niña que le tiene sujeto de una cuerda de seda, y que a veces le suelta de la mano, y luego le coge ansiosa, y le vuelve a soltar…
Romeo:- ¡Ojalá fuera yo ese pajarillo!
Julieta:- ¿Y qué quisiera yo sino que lo fueras? Aunque recelo que mis caricias habían de matarte. ¡Adiós, adiós! Triste es la ausencia y tan dulce la despedida, que no sé cómo arrancarme de los hierros de esta ventana.
Romeo:- ¡Qué el sueño descanse en tus dulces ojos y la paz en tu alma! ¡Ojalá fuera yo el sueño, ojalá fuera yo la paz en que se duerme tu belleza! De aquí voy a la celda donde mora mi piadoso confesor, para pedirle ayuda y consejo en este trance.
Acto II. Escena II.
Bajo el balcón de Julieta. (Romeo entra sin ser visto en el palacio de los Capuleto. Julieta aparece en una ventana)
Romeo:- ¡Silencio! ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! ¡No la sirvas, que es envidiosa! Su tocado de vestal es enfermizo y amarillento, y no son sino bufones los que lo usan, ¡Deséchalo! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece!… Habla… más nada se escucha; pero, ¿qué importa? ¡Hablan sus ojos; les responderé!…Soy demasiado atrevido. No es a mi a quien habla. Do de las más resplandecientes estrellas de todo el cielo, teniendo algún quehacer ruegan a sus ojos que brillen en sus esferas hasta su retorno. ¿Y si los ojos de ella estuvieran en el firmamento y las estrellas en su rostro? ¡El fulgor de sus mejillas avergonzaría a esos astros, como la luz del día a la de una lámpara! ¡Sus ojos lanzarían desde la bóveda celestial unos rayos tan claros a través de la región etérea, que cantarían las aves creyendo llegada la aurora!… ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Mirad cómo apoya en su mano la mejilla! ¡Oh! ¡Quién fuera guante de esa mano para poder tocar esa mejilla!
Julieta:- ¡Ay de mí!
Romeo:- Habla. ¡Oh! ¡Habla otra vez ángel resplandeciente!… Porque esta noche apareces tan esplendorosa sobre mi cabeza como un alado mensajero celeste ante los ojos extáticos y maravillados de los mortales, que se inclinan hacia atrás para verle, cuando él cabalga sobre las tardas perezosas nubes y navega en el seno del aire.
Julieta:- ¡Oh Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehusa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de s
er una Capuleto.
Romeo:- (Aparte) ¿Continuaré oyéndola, o le hablo ahora?
Julieta:- ¡Sólo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera!
Romeo:- Te tomo la palabra. Llámame sólo "amor mío" y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo!
Julieta:- ¿Quién eres tú, que así, envuelto en la noche, sorprendes de tal modo mis secretos?
Romeo:- ¡No sé cómo expresarte con un nombre quien soy! Mi nombre, santa adorada, me es odioso, por ser para ti un enemigo. De tenerla escrita, rasgaría esa palabra.
Julieta:- Todavía no he escuchado cien palabras de esa lengua, y conozco ya el acento. ¿No eres tú Romeo y Motesco?
Romeo:- Ni uno ni otro, hermosa doncella, si los dos te desagradan.
Julieta:- Y dime, ¿cómo has llegado hasta aquí y para qué? Las tapias del jardín son altas y difíciles de escalar, y el sitio, de muerte, considerando quién eres, si alguno de mis parientes te descubriera.
Romero:- Con ligeras alas de amor franquee estos muros, pues no hay cerca de piedra capaz de atajar el amor; y lo que el amor puede hacer, aquello el amor se atreve a intentar. Por tanto, tus parientes no me importan.
Julieta:- ¡Te asesinarán si te encuentran!
Romero:- ¡Ay! ¡Más peligro hallo en tus ojos que en veinte espadas de ellos! Mírame tan sólo con agrado, y quedo a prueba de su enemistad.
Julieta:- ¡Por cuanto vale el mundo, no quisiera que te viesen aquí!
Romeo:- El manto de la noche me oculta a sus miradas; pero, si no me quieres, déjalos que me hallen aquí. ¡Es mejor que termine mi vida víctima de su odio, que se retrase mi muerte falto de tu amor.
Julieta:- ¿Quién fue tu guía para descubrir este sitio?
Romeo:- Amor, que fue el primero que me incitó a indagar; él me prestó consejo y yo le presté mis ojos. No soy piloto; sin embargo, aunque te hallaras tan lejos como la más extensa ribera que baña el más lejano mar, me aventuraría por mercancía semejante.
Julieta:- Tú sabes que el velo de la noche cubre mi rostro; si así lo fuera, un rubor virginal verías teñir mis mejillas por lo que me oíste pronunciar esta noche. Gustosa quisiera guardar las formas, gustosa negar cuanto he hablado; pero, ¡adiós cumplimientos! ¿Me amas? Sé que dirás: sí, yo te creeré bajo tu palabra. Con todo, si lo jurases, podría resultar falso, y de los perjurios de los amantes dicen que se ríe Júpiter. ¡Oh gentil Romeo! Si de veras me quieres, decláralo con sinceridad; o, si piensas que soy demasiado ligera, me pondré desdeñosa y esquiva, y tanto mayor será tu empeño en galantearme. En verdad, arrogante Montesco, soy demasiado apasionada, y por ello tal vez tildes de liviana mi conducta; pero, créeme, hidalgo, daré pruebas de ser más sincera que las que tienen más destreza en disimular. Yo hubiera sido más reservada, lo confieso, de no haber tú sorprendido, sin que yo me apercibiese, mi verdadera pasión amorosa. ¡Perdóname, por tanto, y no atribuyas a liviano amor esta flaqueza mía, que de tal modo ha descubierto la oscura noche!
Romeo:- Júrote, amada mía, por los rayos de la luna que platean la copa de los árboles…
Julieta:- No jures por la luna, que es su rápida movimiento cambia de aspecto cada mes. No vayas a imitar su inconstancia.
Romeo:- ¿Pues por quién juraré?
Julieta:- No hagas ningún juramento. Si acaso, jura por ti mismo, por tu persona que es el dios que adoro y en quien he de creer.
Romeo:- ¿Pues por quién juraré?
Julieta:- No jures. Aunque me llene de alegría el verte, no quiero esta noche oír tales promesas que parecen violentas y demasiado rápidas. Son como el rayo que se extingue, apenas aparece. Aléjate ahora: quizá cuando vuelvas haya llegado abrirse, animado por las brisas del estío, el capullo de esta flor. Adiós, ¡ojalá caliente tu pecho en tan dulce clama como el mío!
Romeo:- ¿Y no me das más consuelo que ése?
Julieta:- ¿Y qué otro puedo darte esta noche?
Romeo:- Tu fe por la mía.
Julieta:- Antes de la di que tú acertaras a pedírmela. Lo que siento es no poder dártela otra vez.
Romeo:- ¿Pues qué? ¿Otra vez quisieras quitármela?
Julieta:- Sí, para dártela otra vez, aunque esto fuera codicia de un bien que tengo ya. Pero mi afán de dártelo todo es tan profundo y tan sin límite como los abismos de la mar. ¡Cuando más te doy, más quisiera date!… Pero oigo ruido dentro. ¡Adiós no engañes mi esperanza… Ama, allá voy… Guárdame fidelidad, Montesco mío. Espera un instante, que vuelvo en seguida.
Romeo:- ¡Noche, deliciosa noche! Sólo temo que, por ser de noche, no pase todo esto de un delicioso sueño
Julieta:- (Asomada otra vez a la ventana) Sólo te diré dos palabras. Si el fin de tu amor es honrado, si quieres casarte, avisa mañana al mensajero que te enviaré, de cómo y cuando quieres celebrar la sagrada ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida e iré en pos de ti por el mundo.
Ama:- (Llamando dentro) ¡Julieta!
Julieta:- Ya voy. Pero si son torcidas tus intenciones, suplícote que…
Ama:- ¡Julieta!
Julieta:- Ya corro… Suplícote que desistas de tu empeño, y me dejes a solas con mi dolor. Mañana irá el mensajero…
Romeo:- Por la gloria…
Julieta:- Buenas noches.
Romeo:- No. ¿Cómo han de ser buenas sin tus rayos? El amor va en busca del amor como el estudiante huyendo de sus libros, y el amor se aleja del amor como el niño que deja sus juegos para tornar al estudio.
Julieta:- (Otra vez a la ventana) ¡Romeo! ¡Romeo! ¡Oh, si yo tuviese la voz del cazador de cetrería, para llamar de lejos a los halcones¡ Si yo pudiera hablar a gritos, penetraría mi voz hasta en la gruta de la ninfa Eco, y llegaría a ensordecerla repitiendo el nombre de mi Romeo.
Romeo:- ¡Cuán grado suena el acento de mi amada en la apacible noche, protectora de los amantes! Más dulce es que la música en oído atento.
Julieta:- ¡Romeo!
Romeo:- ¡Alma mía!
Julieta:- ¿A qué hora irá mi criado mañana?
Romeo:- A las nueve.
Julieta:- No faltará. Las horas se me harán siglos hasta que llegue. No sé para qué te he llamado.
Romeo:- ¡Déjame quedar aquí hasta que lo pienses!
Julieta:- Con el contento de verte cerca me olvidaré eternamente de lo que pensaba, recordando tu dulce compañía.
Romeo:- Para que siga tu olvido no he de irme.
Julieta:- Ya es de día. Vete… Pero no quisiera que te alejaras más que el breve trecho que consiente alejarse al pajarillo la niña que le tiene sujeto de una cuerda de seda, y que a veces le suelta de la mano, y luego le coge ansiosa, y le vuelve a soltar…
Romeo:- ¡Ojalá fuera yo ese pajarillo!
Julieta:- ¿Y qué quisiera yo sino que lo fueras? Aunque recelo que mis caricias habían de matarte. ¡Adiós, adiós! Triste es la ausencia y tan dulce la despedida, que no sé cómo arrancarme de los hierros de esta ventana.
Romeo:- ¡Qué el sueño descanse en tus dulces ojos y la paz en tu alma! ¡Ojalá fuera yo el sueño, ojalá fuera yo la paz en que se duerme tu belleza! De aquí voy a la celda donde mora mi piadoso confesor, para pedirle ayuda y consejo en este trance.
miércoles, 22 de julio de 2009
Fernet
No jodan con el fernet. No es inofensivo. No sean pelotudos. Se trata de un fármaco creado como medicamento contra los siempre urgentes problemas del chinchulín humano, ciertamente durante el siglo XIX, cuando las epidemias de cólera diezmaban las ciudades portuarias. Ingrediente clave en el aperitivo vermú, digestivo contra fritatas terroristas y purgante intestinal, la opción quilombo con amigos se impone, hasta alcanzar el canon de elixir de los dioses, si se respetan ciertos códigos. Las etiquetas prescriben beberlo solo, diluido con agua o soda, mejor con hielo y coca. Pero de verdad: no jodan con el fernet. Mal combinado es veneno. No mezclar con jarra loca, energizantes, pastillas del abuelo. Puede fulminarte la vida en segundos. Hecha la salvedad, escrutamos catorce botellas entre las que se destacan los clásicos de siempre y las novedades que transitan entre la grata sorpresa y el amarguísimo espanto.
1) Vittone 7 puntos : Emblema de la diáspora italiana en Buenos Aires, muy popular entre los ferneteros que todavía no cobraron el aguinaldo, en nariz destaca la menta y sabe amargo, pero simpático y acaramelado como morocha de faroles verdes. Con coca puede andar, mejor con soda: espuma sin mentiras, en boca aparece la madera tostada. La receta de Felice Vittone (1870) recuerda al desaparecido Ottone que tomaban los viejos de Saavedra. Excelente chorrito para el café.
2) Ramazzotti 8 puntos: Si bien no se ganó la simpatía de la masa, en tres años obtuvo el ok de los paladares negros. Se ve, huele y sabe refinado, mitad kräuter likör alemán, mitad fernet argento. Excelente cremosidad de espuma. La fórmula de Ausano Ramazzotti (1815) lleva ginseng, orégano y naranjas dulces de Sicilia, y bien podría maridar una cena completa: puro (aceituna con anchoa), con soda (pickles, papita y mortadela), con agua (pizza calabresa) y con coca(postrecito).
3) Capri 5 puntos: Una curiosidad: probalo con gaseosa lima limón, dice la etiqueta. Primer fernet argentino de posguerra (1949) ideado por Máximo Morelli, huele como los mejores, lástima que al paladar nada que ver: menos dulce y más amargo, verde y estridente, cae algo ortiba al estómago. No está bueno con coca, quizá mejor como cóctel porteñito: fernet, soda y un chorro de vermú rojo para cortar. Con picada da pelea.
4) Jäggermeifter 7 puntos: Débil para fernet, se trata de una fina versión alemana, menos alcohólica y más melosa, que huele a hinojo confitado con medicamento. Puro entra amigable y con botella congelada es juguito de Dios. Originario de Wolfenbüttel, se lo cita en Death Proof de Quentin Tarantino. Cuidado: el exceso puede llevarte a filmar pornografía con tu pareja y olvidar el material por ahí, tal como famoso bebedor de Jägger, batero de Mötley Crüe, Tommy Lee.
5) Cinzano 7 puntos: Dicen que es puro marketing, pero no es tan así. Anda bien, es ligero y decidido, muy encarador, sobre todo con coca. Se lo recuerda por la publicidad según la cual uno de cada diez amigos es gay, dato que no olvida el erudito fernetero. Puede que haya sido la botella escrutada, pero en estado puro sabía a plástico. Quizás el pico haya estado expuesto al calor del motor de la heladera del chino de la vuelta de casa. Escrutinio no definitivo.
6) Hierro-Quina Peretti 6 puntos: Recomendado para anémicos y afectados de las tripas, siempre en dosis infinitesimales, clasifica bien en el pelotón de los amargos negros: después de todo, lleva sulfato de quinina, componente estructural de todo fernet. Huele a hongos gírgola y almendras tostadas, y sabe a chapa nueva de zinc mojada por lluvia de verano. Ataque enfierrado al paladar, un dejo a hidrocarburante confunde. El leoncito de la firma autógrafa da para tatuaje.
7) Imperio 3 puntos Oriundo de Lomas de Zamora, puro sabe venenoso. Se percibe como vino negro refermentado, encabezado con alcohol y especias. Se ve turbio y huele rico a pan tostado. Con coca le cuesta fortuna hacer espuma, con soda levanta, pero hasta ahí. Se presume ideado para bajar costos en barras populares, no estaría nada bien su empleo en jarra loca.
8) 1882 8 puntos: Candidato al podio, su comparación con el referente de mercado evidencia un complejo de inferioridad que el producto en sí mismo no tiene. Está bueno. Quizás el más especiado de los negros argentinos, y por lo tanto del mundo, su fórmula fue experimentada por Porta durante cuatro años y ajustada al gusto cocacolero cordobés, más allá del cuarteto. Espuma resistente aunque no tan cremosa, el ataque punk al paladar despierta los sentidos.
9) Fernando 5 puntos: Ideal quilombo en José C. Paz, listo para disfrutar: color colorado carbonizado, espuma blanquecina y fugaz, gas finito y perdido, huele a Chipi-Cola. Presentado en maniobrable botella de plástico, se trata de un cóctel gasificado con alcohol, caramelo, extracto de hierbas aromáticas y ácidos cítrico y fosfórico; y de verdad sabe a fernet, pero diluido diez veces, claramente confirmado por sus tranquilos 4,5 por ciento de alcohol por litro. Sin hielo se complica.
10) Fratelli Branca 9 puntos: Fórmula de Bernardino Branca (1845), indescifrable para los más expertos falsificadores, tiene la hierba justa y la especia precisa. El reposo durante no menos de un año en cubas de madera de Eslavonia lo convierte no sólo en el negro más fino y trabajado del mercado sino en caramelo del paraíso. Amargo pulenta y macanudo, al chorro de soda semeja a espuma de mar yodada que invita a curativa zambullida. Perfecto como digestivo puro, con coca y hielo no tiene rival.
11) Lusera 7 puntos: Elaborado en Avellaneda por el mismo fabricante que Cinzano y Gancia, en su rango de precio no sólo da pelea sino que gana por varios cuerpos. Como fernet que se precie de tal, tiene 45 partes de alcohol en volumen y huele a madera con caramelo tostado, lo que se confirma en boca al chorro de soda, donde es sutil pero bien especiado. Linda espuma realza el frescor de la coca, con tónica puede andar, con pepsi va como loco.
12) Veneto 7 puntos: Etiqueta escrita en italiano, se trata del mismo fabricante que Vittone, aunque no es ni sabe lo mismo que su hermano más viejo. Un toque más integrado en especias, hay quizás un destello de azafrán. De espuma consistente y sostenida, sabe no tan metálico ni tan dulce, con coca es suave y carnoso, y pasa como bondi lleno. Fórmula bien lograda: faltan afinar algunos insumos y agregar otros para aspirar a top five.
13) Martini e Rossi 8 puntos: Importado de Italia, máxima expresión del refinamiento turinés, receta original de 1867, es el hermano no reconocido de Milano. Ataca el olfato con notas a café con chocolate y whisky muy añejo, puro es fuerte y entrador, con soda se aligera pero no pierde potencia. Excelente espuma con coca, cremosa y liviana, sabe al mejor fernet que se recuerde. Está bárbaro, pero carece de la electricidad que reclama el paladar argento.
14) Killepitsch 8 puntos: Clásico del proletariado de Düsseldorf (Alemania), mejor se bebe puro. Negro meloso corte caramelo media hora, tiene 42 partes de alcohol por brebaje, y el amargor justo. Su receta se remonta a 1858, cuando Peter Busch ideó este kräuter likör tras recombinar esencias de 98 hierbas. Se populariza en la Segunda Guerra: dos soldados soportan un feroz bombardeo mientras empinan el acaramelado elixir que da miedo, y viven para contarlo. ...
1) Vittone 7 puntos : Emblema de la diáspora italiana en Buenos Aires, muy popular entre los ferneteros que todavía no cobraron el aguinaldo, en nariz destaca la menta y sabe amargo, pero simpático y acaramelado como morocha de faroles verdes. Con coca puede andar, mejor con soda: espuma sin mentiras, en boca aparece la madera tostada. La receta de Felice Vittone (1870) recuerda al desaparecido Ottone que tomaban los viejos de Saavedra. Excelente chorrito para el café.
2) Ramazzotti 8 puntos: Si bien no se ganó la simpatía de la masa, en tres años obtuvo el ok de los paladares negros. Se ve, huele y sabe refinado, mitad kräuter likör alemán, mitad fernet argento. Excelente cremosidad de espuma. La fórmula de Ausano Ramazzotti (1815) lleva ginseng, orégano y naranjas dulces de Sicilia, y bien podría maridar una cena completa: puro (aceituna con anchoa), con soda (pickles, papita y mortadela), con agua (pizza calabresa) y con coca(postrecito).
3) Capri 5 puntos: Una curiosidad: probalo con gaseosa lima limón, dice la etiqueta. Primer fernet argentino de posguerra (1949) ideado por Máximo Morelli, huele como los mejores, lástima que al paladar nada que ver: menos dulce y más amargo, verde y estridente, cae algo ortiba al estómago. No está bueno con coca, quizá mejor como cóctel porteñito: fernet, soda y un chorro de vermú rojo para cortar. Con picada da pelea.
4) Jäggermeifter 7 puntos: Débil para fernet, se trata de una fina versión alemana, menos alcohólica y más melosa, que huele a hinojo confitado con medicamento. Puro entra amigable y con botella congelada es juguito de Dios. Originario de Wolfenbüttel, se lo cita en Death Proof de Quentin Tarantino. Cuidado: el exceso puede llevarte a filmar pornografía con tu pareja y olvidar el material por ahí, tal como famoso bebedor de Jägger, batero de Mötley Crüe, Tommy Lee.
5) Cinzano 7 puntos: Dicen que es puro marketing, pero no es tan así. Anda bien, es ligero y decidido, muy encarador, sobre todo con coca. Se lo recuerda por la publicidad según la cual uno de cada diez amigos es gay, dato que no olvida el erudito fernetero. Puede que haya sido la botella escrutada, pero en estado puro sabía a plástico. Quizás el pico haya estado expuesto al calor del motor de la heladera del chino de la vuelta de casa. Escrutinio no definitivo.
6) Hierro-Quina Peretti 6 puntos: Recomendado para anémicos y afectados de las tripas, siempre en dosis infinitesimales, clasifica bien en el pelotón de los amargos negros: después de todo, lleva sulfato de quinina, componente estructural de todo fernet. Huele a hongos gírgola y almendras tostadas, y sabe a chapa nueva de zinc mojada por lluvia de verano. Ataque enfierrado al paladar, un dejo a hidrocarburante confunde. El leoncito de la firma autógrafa da para tatuaje.
7) Imperio 3 puntos Oriundo de Lomas de Zamora, puro sabe venenoso. Se percibe como vino negro refermentado, encabezado con alcohol y especias. Se ve turbio y huele rico a pan tostado. Con coca le cuesta fortuna hacer espuma, con soda levanta, pero hasta ahí. Se presume ideado para bajar costos en barras populares, no estaría nada bien su empleo en jarra loca.
8) 1882 8 puntos: Candidato al podio, su comparación con el referente de mercado evidencia un complejo de inferioridad que el producto en sí mismo no tiene. Está bueno. Quizás el más especiado de los negros argentinos, y por lo tanto del mundo, su fórmula fue experimentada por Porta durante cuatro años y ajustada al gusto cocacolero cordobés, más allá del cuarteto. Espuma resistente aunque no tan cremosa, el ataque punk al paladar despierta los sentidos.
9) Fernando 5 puntos: Ideal quilombo en José C. Paz, listo para disfrutar: color colorado carbonizado, espuma blanquecina y fugaz, gas finito y perdido, huele a Chipi-Cola. Presentado en maniobrable botella de plástico, se trata de un cóctel gasificado con alcohol, caramelo, extracto de hierbas aromáticas y ácidos cítrico y fosfórico; y de verdad sabe a fernet, pero diluido diez veces, claramente confirmado por sus tranquilos 4,5 por ciento de alcohol por litro. Sin hielo se complica.
10) Fratelli Branca 9 puntos: Fórmula de Bernardino Branca (1845), indescifrable para los más expertos falsificadores, tiene la hierba justa y la especia precisa. El reposo durante no menos de un año en cubas de madera de Eslavonia lo convierte no sólo en el negro más fino y trabajado del mercado sino en caramelo del paraíso. Amargo pulenta y macanudo, al chorro de soda semeja a espuma de mar yodada que invita a curativa zambullida. Perfecto como digestivo puro, con coca y hielo no tiene rival.
11) Lusera 7 puntos: Elaborado en Avellaneda por el mismo fabricante que Cinzano y Gancia, en su rango de precio no sólo da pelea sino que gana por varios cuerpos. Como fernet que se precie de tal, tiene 45 partes de alcohol en volumen y huele a madera con caramelo tostado, lo que se confirma en boca al chorro de soda, donde es sutil pero bien especiado. Linda espuma realza el frescor de la coca, con tónica puede andar, con pepsi va como loco.
12) Veneto 7 puntos: Etiqueta escrita en italiano, se trata del mismo fabricante que Vittone, aunque no es ni sabe lo mismo que su hermano más viejo. Un toque más integrado en especias, hay quizás un destello de azafrán. De espuma consistente y sostenida, sabe no tan metálico ni tan dulce, con coca es suave y carnoso, y pasa como bondi lleno. Fórmula bien lograda: faltan afinar algunos insumos y agregar otros para aspirar a top five.
13) Martini e Rossi 8 puntos: Importado de Italia, máxima expresión del refinamiento turinés, receta original de 1867, es el hermano no reconocido de Milano. Ataca el olfato con notas a café con chocolate y whisky muy añejo, puro es fuerte y entrador, con soda se aligera pero no pierde potencia. Excelente espuma con coca, cremosa y liviana, sabe al mejor fernet que se recuerde. Está bárbaro, pero carece de la electricidad que reclama el paladar argento.
14) Killepitsch 8 puntos: Clásico del proletariado de Düsseldorf (Alemania), mejor se bebe puro. Negro meloso corte caramelo media hora, tiene 42 partes de alcohol por brebaje, y el amargor justo. Su receta se remonta a 1858, cuando Peter Busch ideó este kräuter likör tras recombinar esencias de 98 hierbas. Se populariza en la Segunda Guerra: dos soldados soportan un feroz bombardeo mientras empinan el acaramelado elixir que da miedo, y viven para contarlo. ...
lunes, 13 de julio de 2009
12/07/2009
Una mañana te enterás, que un amigo ya no está
el sol incendia tu cabeza y parte la ciudad
mientras repartís sobres sin parar
un café y pensás, en el mejor recuerdo
para alguien que no está.
Querido general ya nos vamos a encontrar
en el cielo o en el infierno para festejar
te acordás cuando entramos en el hospital Durand
a ver en la morgue a los fiambres,
el mejor recuerdo, es una simple canción
para alguien que ya no está.
El mejor recuerdo, es una simple canción
para alguien que ya no está.
El mejor recuerdo, es una simple canción
para alguien que ya no está.
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