Chronos es sin duda el más hijo de puta de las deidades grecorromanas. Con razón Francisco de Goya lo imaginó (con su nombre romano) comiéndose a sus propios hijos.
Juega con nosotros a su antojo molestandonos siempre que puede.
Así. cuando estás a gusto, pasándolo bien, las horas vuelan sin que apenas te des cuenta, pareciendo acortarse el agradable momento y, sin embargo, cuando el momento es desagradable parece detenerse el tiempo. Una jugarreta que el Dios griego maneja a la perfección.
Cuando eres un niño el tiempo se vuelve lento, los días se hacen interminables y sin embargo, cuando creces y ese tiempo se vuelve cada vez más necesario, el cuello del reloj de arena se ensancha volviendo al aparato medidor casi cilíndrico.
Y nos agarramos a una vida que nos lleva rápidamente hacia ningún sitio y que apenas nos deja mirar los paisajes que vamos dejando a un lado....
domingo, 6 de septiembre de 2009
Curioso lo del tiempo…
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